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Qué hacen las abejas en otoño: así se prepara una colmena para los meses fríos

Ximo Martínez Primo

Cuando pensamos en una colmena es fácil imaginarla en primavera, rodeada de flores y con una actividad constante de abejas entrando y saliendo. Sin embargo, una colonia no mantiene el mismo ritmo durante todo el año. Su funcionamiento está profundamente relacionado con aquello que ocurre fuera de ella y, cuando cambia la estación, también cambia progresivamente la vida en su interior.

El otoño es uno de esos momentos de transición. Los días comienzan a acortarse, las temperaturas descienden y el paisaje deja atrás muchas de las floraciones que han acompañado a las abejas durante los meses anteriores. Dependiendo de la zona y de las condiciones de cada año todavía puede haber recursos disponibles, pero la colonia debe adaptarse a un escenario diferente al de los meses de mayor actividad.

Lo interesante es que esa adaptación no ocurre de un día para otro. No existe una fecha en la que las abejas decidan que ha comenzado el otoño. Es el entorno el que va modificando las condiciones y la colonia responde progresivamente a esos cambios.

Por eso, para entender qué hacen las abejas en otoño, primero tenemos que volver a mirar fuera de la colmena.

El calendario de las abejas está en el paisaje

Para nosotros, el otoño comienza en una fecha concreta del calendario. Para una colonia de abejas, lo verdaderamente importante son las condiciones que encuentra en su entorno. La temperatura, las horas de luz y la disponibilidad de néctar y polen van cambiando, y con ellas también lo hace la actividad de las abejas.

Esto significa que hablar de “la colmena en octubre” no describe exactamente la misma situación en todos los territorios ni todos los años. Un otoño cálido puede prolongar determinadas actividades, mientras que unas condiciones diferentes pueden acelerar el cambio de ritmo. La vegetación y las floraciones disponibles también varían según el lugar.

Es una idea que hemos ido siguiendo durante los últimos meses. En qué ocurre en las colmenas cuando termina el verano vimos que septiembre no representa simplemente el final de una temporada, sino el comienzo de una etapa de adaptación. Octubre continúa ese proceso y acerca progresivamente a la colonia a una época en la que la disponibilidad de recursos puede ser menor.

El apicultor, por tanto, no trabaja únicamente siguiendo fechas. Necesita observar lo que está ocurriendo en cada territorio y dentro de cada colonia.

¿Qué cambia dentro de una colmena durante el otoño?

Una colonia funciona como una unidad. Aunque dentro de ella haya miles de individuos, su organización responde a las necesidades del conjunto. Cuando las condiciones exteriores cambian y los recursos disponibles comienzan a ser diferentes, la colonia también modifica progresivamente su actividad.

Durante los meses más favorables, la entrada de recursos y la actividad pueden ser muy elevadas. Con el avance del otoño, esa situación tiende a cambiar. La actividad exterior puede reducirse y la dinámica de la colonia se adapta a las nuevas condiciones. La cría también puede disminuir a medida que avanza la estación, especialmente cuando las temperaturas y la disponibilidad de alimento hacen menos favorable mantener el mismo ritmo que durante otros momentos del año.

Este cambio tiene una lógica clara: mantener una colonia requiere recursos. Las abejas necesitan gestionar aquello de lo que disponen y afrontar los meses siguientes con reservas suficientes. El objetivo ya no es responder al mismo escenario de abundancia de determinadas etapas de primavera o verano, sino adaptarse a un periodo diferente.

Por eso el otoño es especialmente interesante desde el punto de vista apícola. A simple vista puede parecer que “ocurren menos cosas”, pero en realidad estamos observando un cambio profundo en las prioridades de la colonia.

¿Qué ocurre con los zánganos cuando llega el otoño?

Uno de los fenómenos que mejor permite entender este cambio de prioridades tiene que ver con los zánganos.

Los zánganos son los machos de la colonia y su principal función biológica está relacionada con la reproducción: fecundar reinas vírgenes. Durante los periodos en los que existen condiciones favorables para la reproducción de las colonias, su presencia tiene sentido dentro de la organización de la colmena.

Sin embargo, mantener zánganos también implica consumir recursos. Cuando se acerca una época menos favorable y disminuyen las oportunidades reproductivas, su presencia puede reducirse considerablemente. En muchas colonias, las obreras dejan de mantenerlos e incluso pueden expulsarlos de la colmena.

Visto desde nuestra perspectiva puede parecer un comportamiento especialmente duro. Desde la lógica de una colonia, responde a algo distinto: la supervivencia del conjunto tiene prioridad sobre cada individuo.

Las abejas sociales han desarrollado una organización en la que las necesidades de la colonia determinan buena parte de su comportamiento. Lo que ocurre con los zánganos en otoño es uno de los ejemplos más visibles de esa forma de funcionamiento.

Una colonia no funciona como una suma de abejas

Para comprender este comportamiento resulta útil dejar de imaginar una colmena simplemente como un lugar donde viven muchas abejas. Una colonia es un sistema social extremadamente organizado en el que las diferentes integrantes realizan funciones que cambian según su edad, las necesidades internas y las condiciones del entorno.

La reina, las obreras y los zánganos tienen funciones diferentes, pero la supervivencia depende del funcionamiento coordinado de la colonia. Las obreras alimentan la cría, mantienen y regulan el espacio interior, recolectan recursos, defienden la entrada y realizan otras muchas tareas. Esa distribución del trabajo permite que el conjunto responda a los cambios que se producen fuera de la colmena.

En otoño esa capacidad de adaptación resulta especialmente importante. Si disminuye la disponibilidad de alimento, si bajan las temperaturas o si se reduce la cría, la organización interna también responde. No existe una persona dando instrucciones ni un plan escrito: la colonia se regula a través del comportamiento de miles de individuos.

Precisamente por eso observar una colmena a lo largo de todo el año resulta mucho más interesante que verla únicamente durante la cosecha de miel.

El alimento almacenado adquiere otra importancia

Durante las épocas de abundancia, las abejas pueden recoger recursos del entorno y almacenar parte de ellos dentro de la colmena. Cuando avanzan los meses y esas fuentes exteriores disminuyen, las reservas acumuladas adquieren una importancia cada vez mayor.

Esta es una de las razones por las que la miel no puede entenderse únicamente como un producto destinado a nuestro consumo. Antes de ser un alimento para nosotros, es una reserva de la propia colonia.

La gestión apícola debe tener en cuenta esta realidad. El apicultor necesita conocer el estado de las colonias y valorar las reservas disponibles, porque la capacidad de afrontar los periodos de menor disponibilidad de alimento depende en buena medida de la situación en la que llegue cada colonia.

Esto conecta con una idea que repetimos a menudo en Miel Mayem: la cosecha es solamente una parte del trabajo apícola. Hay meses en los que el trabajo más importante no consiste en recoger miel, sino en observar, revisar y preparar las colonias para aquello que vendrá después.


 “Una colmena no produce miel para nosotros; la almacena porque la necesita. El trabajo del apicultor tiene que partir siempre de entender eso y de asegurarse de que la colonia llega a los siguientes meses en buenas condiciones.”
 — Ximo Martínez Primo, artesano

¿Qué hace el apicultor durante el otoño?

El trabajo del apicultor durante esta etapa está muy relacionado con la observación y la preparación. No todas las colonias llegan al otoño exactamente en la misma situación, por lo que resulta necesario evaluar su estado y actuar de acuerdo con las necesidades reales de cada una.

Entre otras cuestiones, se presta atención a la fortaleza de las colonias, las reservas disponibles y su estado general.

Durante otras épocas del año una colonia puede disponer de más oportunidades para aprovechar recursos exteriores o desarrollar su población; cuando las condiciones empeoran, el margen de respuesta puede ser diferente.

El trabajo, por tanto, tiene menos que ver con intervenir constantemente y más con saber qué observar e interpretar correctamente lo que esa capacidad de lectura de la colmena es una de las partes menos visibles del oficio.

Las abejas no desaparecen cuando llega el frío

Existe una pregunta bastante habitual cuando empiezan a bajar las temperaturas: ¿dónde van las abejas durante el invierno?

La respuesta es sencilla: siguen en la colmena.

A diferencia de otros insectos, la colonia de abejas melíferas permanece activa como conjunto durante los meses fríos, aunque su comportamiento cambia considerablemente. Cuando las temperaturas descienden, las abejas pueden agruparse formando lo que se conoce como racimo invernal, una estructura que ayuda a mantener las condiciones térmicas necesarias en su interior.

La colonia utiliza sus reservas para mantenerse durante una época en la que salir al exterior puede ser difícil o directamente imposible durante determinados periodos. Su actividad no desaparece; simplemente se adapta.

Por eso lo que ocurre durante el otoño tiene tanta importancia. La situación con la que una colonia llega a los meses fríos es el resultado de todo lo que ha sucedido previamente.

Octubre también está relacionado con la próxima primavera

Puede parecer extraño hablar de primavera cuando apenas estamos entrando en otoño, pero en apicultura las estaciones no funcionan como capítulos independientes. Lo que ocurre en una etapa condiciona la siguiente.

Una colonia que atraviesa correctamente el otoño y el invierno tendrá que volver a responder cuando las temperaturas aumenten y el paisaje comience a ofrecer nuevos recursos. Entonces aumentará progresivamente su actividad y comenzará otra fase del ciclo.

De esta manera, la miel que podamos encontrar en una cosecha futura tiene una historia que empezó mucho antes de que aparecieran las flores relacionadas con ella. Depende también de cómo haya atravesado la colonia los meses anteriores.

Esta perspectiva ayuda a entender por qué el trabajo apícola no puede reducirse al momento de extracción. La miel que llegará en el futuro comienza a construirse mucho antes de la cosecha.

De agosto al invierno: un cambio progresivo

Si observamos juntos los últimos meses podemos comprender mucho mejor la transición. En agosto hablamos de [qué hace un apicultor cuando no está recogiendo miel] y de la importancia de observar las colonias durante los meses de calor. Septiembre marcó el final del verano y el comienzo de una nueva etapa. Octubre continúa esa transformación y nos acerca progresivamente al funcionamiento invernal.

No existe una frontera exacta entre cada fase. La temperatura no baja de golpe, las floraciones no desaparecen todas el mismo día y las abejas tampoco modifican su comportamiento siguiendo nuestro calendario. Se trata de un proceso gradual en el que cada cambio exterior provoca respuestas dentro de la colonia.

Esta continuidad es precisamente una de las mejores maneras de entender la apicultura. En lugar de observar únicamente momentos aislados —una floración, una cosecha, un tarro— empezamos a comprender un ciclo completo.

La miel es el resultado visible de una historia mucho más larga

Cuando abrimos un tarro vemos el resultado final de una parte del proceso. No vemos el invierno anterior, el desarrollo de la colonia en primavera, los vuelos de las pecoreadoras, los cambios del paisaje durante el verano o el trabajo del apicultor cuando llega el otoño.

Sin embargo, todos esos momentos están conectados.

Una floración puede determinar el origen de una miel, como hemos visto al hablar de la miel de espliego, pero para que una colonia pueda aprovechar esa floración tiene que haber llegado hasta ella en condiciones adecuadas. Y eso depende también de todo lo sucedido durante los meses anteriores.

Por eso conocer qué hacen las abejas en otoño no es simplemente aprender una curiosidad sobre estos insectos. Es comprender una parte más de la historia que existe detrás de la miel.

Cuando cambia el paisaje, cambia la colmena

El otoño nos permite observar con especial claridad una de las reglas fundamentales de la apicultura: la colmena nunca está separada de su entorno.

Cuando hay abundancia de recursos, la colonia responde de una manera. Cuando las floraciones disminuyen, las temperaturas bajan y los días se acortan, responde de otra. Cambia la actividad, cambia la organización interna y cambian las prioridades.

El apicultor acompaña ese proceso observando las colonias y tomando decisiones en función de lo que encuentra, pero sin olvidar que los ritmos principales siguen estando determinados por la naturaleza.

Dentro de unos meses el paisaje volverá a transformarse. Llegarán nuevas floraciones, aumentará la actividad y comenzará otra etapa.

Hasta entonces, la colmena hace algo que lleva haciendo desde mucho antes de que nosotros empezáramos a trabajar con ella: adaptarse.

 

Preguntas frecuentes sobre las abejas en otoño

¿Qué hacen las abejas cuando llega el otoño?

Las abejas continúan activas, pero la dinámica de la colonia se adapta progresivamente a las condiciones ambientales. A medida que cambian las temperaturas, las horas de luz y la disponibilidad de recursos, puede reducirse la actividad exterior y modificarse el funcionamiento interno de la colonia.

¿Por qué hay menos abejas fuera de la colmena en otoño?

La actividad de vuelo depende en buena medida de las condiciones meteorológicas y de los recursos disponibles en el entorno. Cuando bajan las temperaturas y disminuyen determinadas floraciones, es normal que la actividad exterior sea diferente a la que observamos durante periodos más favorables.

¿Qué ocurre con los zánganos en otoño?

En muchas colonias, la población de zánganos disminuye al acercarse los meses fríos. Cuando las posibilidades reproductivas se reducen y los recursos adquieren mayor importancia, las obreras pueden dejar de mantenerlos e incluso expulsarlos de la colmena.

¿Las abejas hibernan?

No de la misma manera que los animales que entran en una hibernación propiamente dicha. Las abejas permanecen dentro de la colmena y, cuando hace frío, pueden agruparse formando un racimo que contribuye a mantener las condiciones térmicas necesarias para la colonia.

¿De qué se alimentan las abejas durante el invierno?

Durante los periodos en los que no pueden encontrar suficientes recursos en el exterior, las reservas almacenadas dentro de la colmena adquieren una importancia fundamental. La miel forma parte de esas reservas y cumple, ante todo, una función alimentaria para la propia colonia.

¿Hay flores para las abejas durante el otoño?

Depende mucho del territorio, del momento concreto y de las condiciones meteorológicas de cada temporada. No todas las zonas ofrecen los mismos recursos ni todas las floraciones siguen exactamente el mismo calendario.

¿Qué hace un apicultor en otoño?

Es una etapa importante para revisar el estado general de las colonias y valorar su fortaleza y sus reservas. El objetivo es que las colonias afronten adecuadamente los meses siguientes.

¿Por qué es importante el otoño para la próxima cosecha?

Porque el ciclo de una colonia es continuo. La forma en la que atraviesa el otoño y los meses fríos influye en la situación en la que llegará a la siguiente etapa de actividad. Una futura cosecha no comienza únicamente cuando aparecen las flores: forma parte de un ciclo que se construye durante todo el año.

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