La historia que no se ve en cada tarro de miel Cada tarro de miel cuenta una historia. No solo por su sabor o su aroma, sino por todo lo que hay detrás: paisajes, floraciones, estaciones y trabajo manual. En Miel Mayem sabemos que la calidad de una miel empieza mucho antes de abrir el bidón y llenar el tarro. Empieza en el lugar donde nace. Esa parte del proceso no siempre se ve, pero es una de las más importantes. Seleccionar el paraje adecuado requiere observar el campo, conocer el comportamiento de las abejas y entender cómo cambia la floración año tras año. Es un trabajo de fondo, silencioso y paciente, que forma parte de nuestra forma de hacer las cosas desde 1915. Elegir el paraje adecuado es una decisión clave Cuando una miel está bien hecha, se nota. Pero para que eso ocurra, todo empieza por saber elegir el lugar. Cada variedad necesita un entorno concreto. No es lo mismo una floración de azahar en el litoral valenciano que un brezo en las montañas del norte. Cada paraje tiene una altitud, un clima y un ecosistema diferentes, y esas condiciones son las que van a marcar el carácter final de la miel. Por eso, no se trata solo de buscar zonas donde haya abejas. Se trata de observar dónde están en su mejor momento. En qué zonas ha llovido lo suficiente, cuándo florece cada planta o cómo está afectando el cambio climático a las campañas. Son decisiones que requieren experiencia y atención al detalle. Los paisajes de nuestras mieles En Miel Mayem trabajamos con mieles naturales de toda España, seleccionadas directamente de campo. Esto nos permite ofrecer una amplia variedad de perfiles, todos distintos, todos con una identidad propia. · En Valencia, se recoge la miel de azahar en primavera, cuando los cítricos llenan de aroma los campos. · En Cuenca, se recolecta la de romero a principios de primavera, con un perfil delicado y suave · En Galicia, los bosques de castaño y brezo ofrecen mieles intensas a mediados de verano. · En Almería, la floración de albaida da una miel de color claro y aroma suave. · En Burgos, se trabaja con miel de montaña, que se obtiene en zonas altas y con gran diversidad floral. Cada una de estas mieles no es solo el resultado del trabajo de las abejas. Es también el reflejo de un paisaje, de un clima, de un ritmo natural que respetamos. ¿Por qué es tan importante esta selección? Seleccionar el paraje no es un detalle sin importancia. La elección del entorno condiciona no solo el sabor y el aroma, sino también la textura, el color y el comportamiento de la miel con el paso del tiempo. En zonas de montaña, por ejemplo, es más frecuente que la miel cristalice más lentamente, mientras que en floraciones de primavera la textura suele ser más cremosa. Además, trabajar con zonas concretas permite tener una trazabilidad real del producto. En Miel Mayem sabemos de dónde viene cada miel, cuándo se ha recolectado y en qué condiciones. Esa transparencia es parte de nuestra filosofía y de nuestro compromiso con una miel 100% natural. Una forma de hacer las cosas Para nosotros, la miel no es un producto que se fabrica. Es un producto que se cuida. Y eso empieza por respetar el origen. Cada paraje que se selecciona forma parte de una cadena de valor que empieza con las abejas y acaba en tu mesa. Y en cada paso, se interviene lo justo. Por eso seguimos trabajando con miel natural cruda, envasada directamente del bidón al tarro. Porque respetar el lugar de origen también significa respetar el trabajo que hacen las abejas, el ritmo de las floraciones y el valor que tiene hacer las cosas como siempre se han hecho.