Cuando observamos un tarro de miel es fácil pensar que su historia comienza en la colmena. Sin embargo, para entender realmente de dónde procede una variedad como la miel de espliego hay que mirar un poco más lejos, hacia el paisaje en el que trabajan las abejas. Las plantas presentes en el entorno, el momento en el que florecen, las condiciones meteorológicas de cada temporada y la actividad de la propia colonia forman parte de un proceso en el que la naturaleza sigue marcando buena parte de las reglas. El espliego es un buen ejemplo de esta relación. Su floración puede convertirse en un recurso importante para las abejas en determinadas zonas y momentos del año, y esa presencia en el territorio termina dejando su huella en la miel. ¿Qué es la miel de espliego? La miel de espliego es una variedad asociada principalmente al néctar recogido por las abejas en flores de plantas del género Lavandula, al que pertenecen diferentes especies, como la lavanda, el lavandín, el espliego, el cantueso. Todo comienza mucho antes de la cosecha Para que podamos hablar de miel de espliego primero tiene que haber una floración que las abejas puedan aprovechar. El calendario no lo determina únicamente una fecha, sino lo que está ocurriendo en el campo. La aparición y duración de una floración puede variar de una temporada a otra. La temperatura, las precipitaciones, la altitud y las características concretas de cada territorio influyen en el desarrollo de las plantas y, con ello, en los recursos que las abejas encuentran cuando abandonan la colmena. Dos años consecutivos no tienen por qué ofrecer exactamente las mismas condiciones, incluso aunque las colmenas se encuentren en una misma zona. Por eso la observación forma una parte tan importante del trabajo apícola. El apicultor necesita interpretar el entorno, conocer los ciclos de las plantas y entender qué está sucediendo dentro y fuera de las colonias. Lo vimos también al explicar qué ocurre en las colmenas cuando termina el verano: las estaciones son una parte activa del funcionamiento de la colmena. De la flor de espliego al interior de la colmena Cuando las condiciones son favorables, las abejas obreras salen de la colonia en busca de néctar y otros recursos. Al encontrar una fuente abundante, pueden comunicar información sobre su localización a otras integrantes de la colonia, lo que permite aprovechar de manera eficiente aquello que el paisaje ofrece en ese momento. Pero el néctar recogido en las flores todavía no es miel. Cuando llega a la colmena comienza un proceso de transformación en el que intervienen las propias abejas. Cuando la miel alcanza un grado adecuado de maduración, puede almacenarse en las celdillas y finalmente quedar operculada bajo una fina capa de cera. Es un proceso que normalmente permanece invisible para quien abre un tarro en casa. Sin embargo, entre una flor de espliego y una cucharada de miel existe una sucesión de acontecimientos que depende tanto del trabajo de miles de abejas como de las condiciones que ha ofrecido el territorio. ¿Cómo es la miel de espliego? Una de las primeras cosas que descubrimos cuando empezamos a comparar variedades es que no existe un único color, aroma, textura o sabor que podamos asociar a “la miel” en general. El origen botánico influye en sus características sensoriales y hace posible encontrar perfiles muy diferentes dependiendo de las plantas y territorios relacionados con cada cosecha. La miel de espliego presenta un perfil propio vinculado a su procedencia botánica, pero incluso dentro de una misma variedad podemos encontrar diferencias entre cosechas. El paisaje de una temporada no es una reproducción exacta del anterior. Cambian las lluvias, las temperaturas, la intensidad y duración de las floraciones y las condiciones en las que las abejas han podido trabajar. Por eso pueden aparecer diferencias de tonalidad, aroma, textura o intensidad. Es la misma idea que desarrollamos al explicar por qué dos tarros de miel nunca son exactamente iguales. Color, aroma y textura: aprender a mirar antes de probar El color es una de las primeras características que percibimos al colocar varias mieles juntas. Existen variedades muy claras, otras considerablemente oscuras y multitud de tonalidades intermedias. Estas diferencias pueden estar relacionadas con su origen y composición. Lo mismo ocurre con el aroma y la textura. Cuando acostumbramos al paladar a probar distintas variedades empezamos a descubrir que hay aromas más florales, perfiles más persistentes, texturas diferentes y sensaciones que permanecen durante más o menos tiempo después de probarlas. Por eso, para descubrir una miel de espliego, proponemos algo muy sencillo: probarla sola antes de utilizarla como ingrediente. Observar su aspecto, acercarla para percibir el aroma y mantener una pequeña cantidad unos segundos en la boca permite prestar atención a características que normalmente pasan desapercibidas cuando la mezclamos directamente con otros alimentos. En nuestra guía sobre cómo catar miel en casa explicamos este proceso paso a paso y, sobre todo, proponemos comparar dos variedades. No hace falta conocer vocabulario técnico para hacerlo. Basta con probarlas una junto a otra y preguntarse qué cambia. El paisaje también llega hasta el tarro Para que exista una miel de espliego primero debe existir un paisaje en el que esa planta pueda desarrollarse y florecer; después tienen que darse unas condiciones que permitan a las abejas aprovechar ese recurso y, finalmente, una colonia capaz de transformar y almacenar lo que ha recogido. El trabajo del apicultor forma parte de esa misma relación. Observar las floraciones, conocer el territorio y atender las necesidades de las colonias permite acompañar un proceso en el que la naturaleza sigue teniendo siempre la última palabra. Por eso cada cosecha representa un momento concreto y unas condiciones que no tienen por qué repetirse exactamente de la misma manera. Aprender a reconocer diferencias Una miel puede ser más delicada y otra más aromática; una puede presentar un color claro y otra uno mucho más profundo; algunas desarrollan sabores persistentes y otras, perfiles más sutiles. Lo interesante consiste precisamente en reconocerlas y descubrir qué variedades encajan mejor con nuestros gustos. La miel de espliego es una oportunidad para hacer ese ejercicio y seguir conociendo el producto a través de su procedencia. Puedes encontrarla dentro de nuestra [selección de mieles de Miel Mayem] y compararla con otras variedades vinculadas a floraciones y paisajes diferentes. Una flor es solo el principio de la historia Detrás de las palabras “miel de espliego” existe mucho más que el nombre de una planta. Hay una floración que ocurre en un momento determinado, unas condiciones meteorológicas que nunca son exactamente iguales, miles de vuelos entre el paisaje y la colmena y una colonia trabajando de forma coordinada para transformar los recursos que encuentra a su alrededor. Por eso conocer una variedad consiste en entender de dónde viene y qué ha tenido que ocurrir para que llegue hasta nosotros. La flor nos ayuda a ponerle nombre, pero son el paisaje, las abejas, el tiempo y el trabajo apícola los que terminan construyendo la historia que encontramos dentro de cada tarro. Preguntas frecuentes sobre la miel de espliego ¿Qué es la miel de espliego? Es una miel cuyo origen está asociado predominantemente al néctar recogido por las abejas en flores de plantas del género Lavandula. ¿Miel de espliego y miel de lavanda son lo mismo? “Lavanda” y “espliego” son plantas que pertenecen al género botánico Lavandula, pero son especies diferentes con características distintas. ¿A qué sabe la miel de espliego? Su origen botánico le proporciona un perfil sensorial característico, dulce con notas ácidas, aunque el aroma, color, textura e intensidad pueden presentar variaciones naturales entre diferentes cosechas. ¿Cómo puedo distinguir una miel de espliego de otras variedades? Color, aroma, textura y sabor pueden ayudar a reconocer diferencias entre variedades, pero identificar rigurosamente el origen botánico de una miel va más allá de una apreciación doméstica. Para el consumidor, una buena forma de empezar es probar dos variedades juntas y prestar atención a sus diferencias sensoriales. ¿Cómo se conserva la miel de espliego? Como norma general, conviene conservar la miel bien cerrada, en un lugar seco y protegida de fuentes de calor y de la exposición directa a la luz.